jueves, 8 de agosto de 2013

Las minorías políticas y las elecciones de 2014


Por Miguel Antonio Galvis

Hoy cuando ya es imposible tramitar proyectos de reforma a la Constitución que modifiquen las reglas de juego electoral, como el umbral del 3% incrementado por el Acto Legislativo 01 de 2009, se expone a desaparecer un número importante de los partidos caracterizados como minorías políticas, entre ellos se cuentan: El Partido de Integración Nacional (PIN), el Partido Verde, el Partido Polo Democrático Alternativo (PDA), el Movimiento Independiente de Renovación Absoluta (MIRA), incluso algunos analistas plantean que también estaría en ese riesgo el Partido Cambio Radical.

El aumento del umbral surgió como una estrategia para forzar la integración de partidos o movimientos políticos minoritarios según sus afinidades e identidades mediante procesos de fusión que permitieran la construcción de proyectos políticos más incluyentes y amplios. Para que eso sucediera era indispensable reglamentar las fusiones y las escisiones de los partidos políticos o el trasfuguismo que permitiera la movilidad a los congresistas que hoy están atrapados en partidos con los cuales no se identifican. Estas dos alternativas no fueron reglamentadas por el Congreso a solicitud del Presidente Santos con el propósito de cerrarle el paso al Puro Centro Democrático (PDC) que pretendía obtener personería jurídica a través de una escisión del Partido de la U, e impedir que los actuales congresistas que simpatizan con el ex-presidente Uribe se fueran a acompañar las listas del Puro Centro Democrático, obligándolos a renovar sus cuadros en las listas de Congreso y a sacrificar a otros que están atrapados en los partidos de la mesa de unidad nacional.

La realidad es que especialmente en la izquierda democrática, el desenvolvimiento del proceso político navegó en contravía de la reforma constitucional que subió el umbral electoral, y es así como del Polo Democrático Alternativo (PDA) se expulsó a los congresistas que se opusieron a respaldar la administración de Samuel Moreno, quienes se constituyeron en el grupo significativo de ciudadanos progresistas, que hoy administran la ciudad de Bogotá, y cuentan con una bancada en el Concejo Distrital; igualmente, fueron expulsados de sus filas los congresistas del Partido Comunista por acompañar las movilizaciones de Marcha Patriótica. Esta situación de división, más el castigo del voto de opinión por haber tolerado el carrusel de la contratación y la corrupción en Bogotá, hoy tienen al PDA en dificultades para superar el umbral.

Situación similar vive el Partido Verde, que perdió a sus dos principales electores de opinión, el profesor Antanas Mockus que abandonó el partido cuando la campaña a la Alcaldía de Bogotá, aceptó la adhesión del ex–presidente Álvaro Uribe; y al profesor Sergio Fajardo, cuando el partido verde tomó la decisión de ingresar a la Mesa de la Unidad Nacional, sin consultarlo.  Mejor manejado, que en el PDA, los verdes aunque presionaron a los congresistas del “Movimiento Visionarios” que se negaron a acompañar la candidatura de Enrique Peñalosa a la alcaldía de Bogotá, el Senador Jhon Sudarsky y la Representante Ángela María Robledo, se mantienen firmes en sus filas.

La verdad es que tanto el PDA como los Verdes necesitan de los congresistas expulsados o indisciplinados para mejorar su posibilidad de superar el umbral electoral, y así mantener su personería jurídica. Pero hay quienes vaticinamos que eso ayudaría pero no es suficiente. Se requiere una estrategia audaz de alianzas para mantenerse en la arena política, ahora que se prevé que ingresarán con un régimen especial de paz, los partidos o movimientos surgidos del proceso de diálogos con las FARC y el ELN, como serían “Marcha Patriótica”, el “Congreso de los Pueblos” y eventualmente la “Unión Patriótica”.

Otros dos damnificados de la inmovilidad de las reglas electorales son los grupos significativos de ciudadanos “Progresistas” y “Pido la Palabra”; el primero liderado por el Alcalde de Bogotá Gustavo Petro y su vocero el ex-constituyente Antonio Navarro Wolf; y el segundo liderado por personas cercanas al Gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo Valderrama. Si bien ambos grupos tienen claro que no pueden superar el umbral del 3% en las elecciones de Congreso, creen poder liderar una tercería a la Presidencia de la República de los sectores independientes, la que podría derrotar al candidato del expresidente Álvaro Uribe, y volver a competir por la Presidencia en la segunda vuelta, con un Presidente Santos agotado en su imagen por su pelea con el expresidente.

En medio de este difícil y complejo panorama, hace su tránsito de minoría étnica a minoría política, el Partido Alianza Social Independiente, ASI, (antes Alianza Social Indígena), que ante la imposibilidad legal para presentar candidatos por las circunscripciones especiales indígenas, se jugará su permanencia en la arena política a través de la superación del umbral del 3% sumadas todas las listas a Cámara de Representantes por circunscripciones territoriales. Está claro que con el régimen electoral vigente hoy 3 partidos desaparecerán: Autoridades Indígenas de Colombia, AICO; Movimiento de Inclusión y Oportunidades, MIO; y AFROVIDES.  

De los 12 partidos que hoy tienen personería jurídica, si no interpretan el sentido de la reforma electoral del 2009, podrían desaparecer 9 de ellos. También se prevé que al ingresar a la escena política el Centro Democrático con el 5% del Congreso le disputará el papel de oposición a la izquierda democrática representada por la Marcha Patriótica, el Congreso de los Pueblos y la Unión Patriótica.

* Director Ejecutivo del Instituto de Pensamiento Étnico, Social y Político, IPESP.