miércoles, 30 de abril de 2014

Partidos políticos de la derecha y de la izquierda


Por: Héctor Gonzalo Córdoba Espitia *

En Colombia son clasificados como de “derecha” los partidos políticos que dependen de la oligarquía plutocrática. Esos partidos cumplen la función de apoyarla en los procesos electorales con la finalidad de sostenerla en el control del poder político y económico; están diversificados en agrupaciones que representan varios matices del modo de gobierno oligárquico, entre los cuales están los que dicen ser de centro, como los liberales y los que prometen un cambio, o los que se proponen la defensa de la Naturaleza con el color verde, y están los de extrema derecha, defensores a ultranza del autoritarismo y del dogmatismo pero disfrazados con el nombre de democráticos, o los conservadores, que toman el nombre de sociales.

A su vez, los partidos políticos que se oponen al modo de gobierno de la oligarquía plutocrática son clasificados como de “izquierda”. Estos partidos tienen en común la característica de oponerse a que el manejo de la economía de la nación se realice con la finalidad de favorecer los intereses de los más poderosos grupos económicos, y oponerse a que no se tengan en cuenta los motivos de interés público y social, ni las necesidades básicas y culturales de la población. Pero no todos estos partidos coinciden en reconocer la misma fuente social del criterio de gobierno; la diferencia sobre este concepto los divide en las vertientes demócratas y las socialistas.

En efecto, los demócratas reconocen como única fuente del criterio de gobierno a la voluntad del pueblo, manifiesta en los programas de gobierno que sean elegidos por la mayoría ciudadana en los procesos electorales, la cual debe tener la calidad jurídica de mandato obligatorio para los representantes populares a quienes corresponde expedir las leyes y para los miembros de la rama ejecutiva del poder público que deben ejecutarlas y hacerlas cumplir.                

Los partidos socialistas de otros países reconocen como única fuente del criterio de gobierno a la voluntad de la élite de ciudadanos que representan al pueblo y algunos de esos partidos no proponen que la elección de los representantes populares se haga por los votos de los ciudadanos sino por la escogencia que haga la asamblea del partido único. 

Otros partidos socialistas, entre ellos los de Colombia, sí proponen que la elección de los representantes populares se haga por los votos de la mayoría de los ciudadanos, pero no exigen que la voluntad mayoritaria de los ciudadanos imponga a los representantes electos el mandato obligatorio de realizar el programa de gobierno escogido en el respectivo proceso electoral, ni les fija el deber de ajustarse fielmente a esa voluntad; así, los representantes electos quedan en libertad de imponer su criterio, aunque no coincida con la voluntad popular mayoritaria.

En esta última circunstancia se ocasiona un vacío de confianza entre las expectativas de los electores y la lealtad de los que pretenden representarlos. Con la finalidad de llenar ese vacío, y ganar la confianza de los electores, los candidatos procuran crear en las multitudes intensos sentimientos de admiración, de simpatía y de adhesión hacia los dirigentes del partido, o hacia el jefe de los dirigentes, mediante apasionados discursos de adulación al pueblo y de rechazo a las injusticias, a los abusos y a lo que se considera como causa de la pobreza, de la insatisfacción de las necesidades humanas y de la desigualdad social. Este demagógico modo de obrar de los partidos políticos en la conquista de votos para acceder al poder político también recibe el nombre de populismo.

Hay populismo de izquierda y populismo de derecha. En el populismo de izquierda sí existe oposición al modo de gobierno de la oligarquía plutocrática pero no se propone la forma de gobierno democrático.

En el populismo de derecha no hay verdadera oposición al modo de gobierno de la oligarquía plutocrática, esa oposición es fingida, es de apariencia en los discursos, en las palabras y en los gestos, solamente para convencer y engañar a las masas, con ilusiones y esperanzas, y para conseguir los votos de los sectores de población más numerosos, que son los más pobres y deprimidos. Los partidos populistas de derecha se presentan con el disfraz de las ideas socialistas y democráticas, casi siempre se autodenominan socialistas o demócratas, pero son creados y dirigidos por políticos que están al servicio del estamento económico del estrato dirigente de la nación y tienen la oculta finalidad de apoyar y sostener en el poder político a la oligarquía plutocrática.

Esta sucinta vista panorámica de los partidos políticos nos permite encontrar la esencia de la relación entre la política y la economía, que puede expresarse así: por medio de la política se impone la orientación de la economía y se gobierna a la nación dentro del marco de esa orientación.

En Colombia, país dotado con abundantes recursos naturales y ambientales, donde se dan las mejores condiciones para la creación de riqueza y bienestar social, contradictoriamente, por absurda organización de la economía, la gran mayoría de los habitantes son pobres; el aumento constante del número de los más pobres y de los indigentes hace cada vez más grande la mayoría de ciudadanos colombianos que vive en la pobreza.

A esta enorme mayoría de ciudadanos y a sus familias no les favorece que la dirección de la economía de la nación esté orientada exclusivamente a proteger los intereses de los más poderosos capitalistas, ni que los gobernantes ignoren o no tengan en cuenta las necesidades básicas impuestas por la Naturaleza a todos los seres humanos, dado que esas necesidades deben ser atendidas y satisfechas, y el gobierno debe posibilitar y facilitar esa atención y satisfacción, por ser esenciales para la subsistencia y para el desarrollo de las vidas de los habitantes. 

Por esta causa, a esta mayoría de ciudadanos no les conviene apoyar a los partidos de la oligarquía plutocrática, ni arriesgarse a perder la posibilidad de establecer el gobierno del pueblo, si incurren en el error de apoyar a los partidos que no sean esencialmente demócratas.

Pero en Colombia no existe el auténtico partido demócrata; desde la fundación de la república hasta la actualidad no se ha creado este tipo de partido. La omisión tiene origen en los errores conceptuales de los partidos de izquierda que les han impedido tener la visión del futuro de la transformación de la nación colombiana en sociedad democrática. Esa visión determina como objetivo prioritario de un partido demócrata el de difundir el conocimiento de la democracia y capacitar a los ciudadanos para el ejercicio del gobierno del pueblo.

Los partidos de izquierda, en Colombia, se han detenido en las inmediateces electoreras de la coyuntura política de las varias etapas de la historia nacional, desarrollando fantasiosas estrategias de conquista del poder, que se han reducido a conseguir unos pocos escaños en el congreso de la república, en las asambleas departamentales y en los concejos municipales, y conseguir algunas gobernaciones y alcaldías. Con esos mediocres objetivos solamente pueden alcanzar alguna participación en el manejo de los presupuestos, de la contratación y de la burocracia, con la que los dirigentes de esos partidos quedan en capacidad de sostener la clientela electoral que les facilita la permanencia en el disfrute de las mieles del poder político, de igual manera como lo hacen los dirigentes de los partidos de la derecha.

El verdadero partido de la democracia, no puede crearse con la finalidad de conseguir empleos en la administración pública, ni en ninguna de las ramas del poder público. Su único objetivo es el de establecer el gobierno del pueblo; para alcanzarlo tiene que realizar un camino más largo, que consiste en capacitar a la ciudadanía para que haga una Constitución Política democrática en la cual se establezcan los instrumentos jurídicos con los que el Pueblo pueda gobernar.

Solamente de esta manera será posible que el manejo de la economía se realice teniendo en cuenta el interés público y social y que los órganos del poder público, ejerciendo el mandato de la soberanía popular, actúen creando las condiciones favorables para que todos los habitantes puedan atender y satisfacer sus necesidades básicas y culturales y puedan alcanzar las mejores condiciones de bienestar y de progreso. 

En Colombia, las clases inferiores de la pirámide social, que son: la media baja, la pobre y la de indigentes, suman el 90% de la población; si la gran mayoría de ciudadanos que integran estas clases salieran del estado de indiferencia política y alcanzaran el de motivación política consciente, por la vía del conocimiento que les eleva al nivel de la cultura política, se llegaría al hecho político de la integración del Pueblo, como ente poseedor de voluntad y poder político, capaz de ejercer la soberanía y gobernar a la nación por medio de los órganos del poder público.

Cuando se realice ese hecho político ya podrá el Pueblo crear una nueva Constitución Política en la que se establezca el modo de gobierno democrático, y a partir de la vigencia de esa nueva Constitución el mismo Pueblo podrá establecer el régimen jurídico justo de la sociedad democrática, basado en los derechos humanos y en los principios de libertad, igualdad, solidaridad, equidad y derecho.

* Dirigente del Movimiento Demócrata Colombiano. Egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Libre y graduado con el título de Doctor en Derecho y Ciencias Sociales. 


Ver columna original publicada en: Sociedad Democrática

Publicado con la autorización del autor.